viernes, 12 de junio de 2026

David Hockney: el artista que nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos

David Hockney: el artista que nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos

El pintor británico, una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo, ha fallecido a los 88 años. Recordamos una trayectoria marcada por el color, la experimentación y una curiosidad creativa que nunca dejó de renovarse.

David Hockney dedicó su vida a observar. A mirar con atención una piscina iluminada por el sol de California, el rostro de una persona cercana, una carretera vacía, la transformación de un jardín con el paso de las estaciones o las posibilidades creativas que podía esconder una pantalla de iPad.

El artista británico, considerado una de las figuras esenciales del arte de los siglos XX y XXI, ha fallecido a los 88 años. Su legado abarca más de siete décadas de trabajo y una producción difícil de encasillar: pintura, dibujo, grabado, fotografía, collage, diseño escénico y creación digital.

Más allá de sus imágenes más reconocibles, Hockney deja una enseñanza que atraviesa toda su obra: incluso aquello que vemos cada día puede resultar extraordinario cuando aprendemos a prestarle atención.

De Bradford a California: una mirada propia

Nacido en Bradford, en el norte de Inglaterra, en 1937, David Hockney comenzó a destacar desde sus años de formación en el Royal College of Art de Londres. Durante la década de 1960 se convirtió en una de las voces más singulares de la escena artística británica, vinculada al pop art, aunque su obra nunca quedó limitada a una sola corriente.

Su traslado a Los Ángeles marcó profundamente su imaginario. Las piscinas, las casas modernas, las palmeras y la luz intensa de California protagonizaron algunas de sus pinturas más célebres. En ellas, Hockney capturó la promesa de una vida luminosa y aparentemente despreocupada, pero también los silencios, las distancias y las tensiones que pueden esconderse tras una superficie impecable.

Una de sus obras más conocidas, A Bigger Splash (1967), muestra el instante posterior al salto de una persona a una piscina. No vemos el cuerpo, solo la salpicadura suspendida sobre el agua. La escena parece sencilla, pero encierra muchas de las claves de su trabajo: la fascinación por el tiempo, el movimiento, la luz y la manera en que una imagen puede invitarnos a imaginar lo que ha ocurrido justo antes o lo que sucederá después.

Retratos que hablan de intimidad

Hockney también convirtió el retrato en uno de los territorios centrales de su obra. A lo largo de los años pintó a amistades, familiares, parejas y personas de su entorno cercano. Sus figuras suelen aparecer en interiores cuidadosamente construidos, donde cada gesto, cada objeto y cada silencio aportan información.
En pinturas como Mr and Mrs Clark and Percy (1970–1971) o Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) (1972), los personajes parecen habitar un momento detenido. No posan únicamente para ser representados: ocupan un espacio psicológico. Las relaciones humanas, la distancia emocional y la intimidad aparecen sugeridas a través de la composición.

Su obra también fue relevante por la visibilidad que otorgó a la vida y al deseo homosexual en una época marcada por la represión social. Hockney incorporó experiencias personales a su trabajo con naturalidad y libertad, contribuyendo a ampliar los temas que podían formar parte del arte contemporáneo.
Un artista en permanente experimentación

Hablar de David Hockney únicamente como pintor sería quedarse a medio camino. Su carrera estuvo impulsada por una curiosidad constante por descubrir nuevas formas de construir imágenes.
En la década de 1980 creó sus conocidos joiners: composiciones elaboradas a partir de múltiples fotografías Polaroid o impresiones fotográficas tomadas desde diferentes ángulos. Estas piezas cuestionaban la idea de que una fotografía debía representar un único punto de vista o un instante cerrado.

Con el paso de los años, continuó investigando las posibilidades de las nuevas tecnologías. Trabajó con fax, vídeo, ordenadores, iPhone y iPad. Lejos de entender las herramientas digitales como una amenaza para el arte, las convirtió en nuevos cuadernos de trabajo.
Sus dibujos digitales de flores, paisajes y amaneceres demostraron que la experimentación técnica no estaba reñida con la emoción ni con la sensibilidad. Hockney no utilizaba la tecnología para seguir una tendencia, sino para explorar una pregunta que atravesó toda su carrera: ¿de cuántas maneras distintas podemos mirar el mundo?

La belleza de observar el paso del tiempo

En sus últimos años, la naturaleza adquirió una presencia especialmente importante en su trabajo. Los paisajes de Yorkshire y, posteriormente, los jardines y campos de Normandía se transformaron en escenarios desde los que estudiar los cambios de luz, las estaciones y el renacimiento de la vegetación.

Durante su estancia en Francia creó A Year in Normandie, un friso panorámico realizado a partir de dibujos digitales que recoge la evolución del paisaje a lo largo del año. Inspirada en el Tapiz de Bayeux, la obra vuelve a poner el foco en aquello que a menudo pasa desapercibido: los pequeños cambios que se producen mientras creemos que nada está ocurriendo.

Su exposición más reciente en la Serpentine North Gallery de Londres, inaugurada en marzo de 2026, reunía este friso monumental junto con nuevos retratos y naturalezas muertas. El proyecto invitaba precisamente a desacelerar y a reconocer lo extraordinario dentro de lo cotidiano.
Un legado lleno de color, libertad y curiosidad

La trayectoria de David Hockney no puede resumirse en una única imagen, aunque muchas de sus obras formen ya parte del imaginario colectivo. Su legado reside también en su manera de trabajar: siempre abierta al juego, a la observación y al aprendizaje.

A lo largo de más de siete décadas, Hockney demostró que una persona creadora no tiene por qué elegir entre tradición e innovación. Se puede pintar un paisaje y dibujar sobre una pantalla. Se puede estudiar a los grandes maestros y experimentar con una cámara instantánea. Se puede volver una y otra vez a los mismos temas y descubrir algo nuevo en cada intento.

Su obra nos recuerda que mirar también es una práctica creativa. Que observar con atención una habitación, una persona querida, un árbol o el reflejo del agua puede ser el principio de una idea.

David Hockney convirtió esa curiosidad en una forma de vida. Y, con ella, nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos.

anna_ferreira_

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