Cómo Contar la Historia Completa Detrás de tus Proyectos de Diseño y Construir un Portafolio Sólido
Tener un portafolio bien construido es una de las herramientas más importantes para cualquier persona que se dedique al diseño, ya sea gráfico, web, UI, branding o dirección de arte. No solo funciona como carta de presentación profesional, sino también como una forma de demostrar cómo piensas, cómo trabajas y qué tipo de proyectos te interesa desarrollar.
Uno de los errores más comunes es mostrar únicamente el resultado final: una imagen bonita, un logo terminado o una interfaz pulida. Sin embargo, lo que realmente diferencia un portafolio sólido de uno genérico es la capacidad de contar el proceso completo detrás de cada proyecto.
En este artículo repasamos los pasos clave para transformar un proyecto suelto en una pieza potente dentro de tu portafolio, aportando contexto, narrativa y valor estratégico a tu trabajo.
Paso 1 – Elige el proyecto correcto
No es necesario mostrar todo lo que has hecho. De hecho, un buen portafolio suele ser más efectivo cuando es breve y coherente. Elige aquellos proyectos que mejor representen tu estilo, tus habilidades actuales o el tipo de trabajo que quieres atraer.
Prioriza la calidad frente a la cantidad. Un solo proyecto bien explicado puede decir mucho más que diez mostrados sin contexto. También es válido incluir proyectos personales o ficticios si están bien desarrollados y responden a un reto claro. Paso 2 – Cuenta la historia del proyecto
Todo proyecto necesita una narrativa. Empieza explicando el contexto: cuál era el reto, el encargo o el briefing inicial. Si se trata de un proyecto personal, puedes definir el problema que querías resolver o el objetivo que te marcaste.
Describe tu enfoque como diseñador o diseñadora: qué decisiones tomaste y por qué. Esta parte ayuda a quien revisa tu portafolio a entender tu forma de pensar, no solo tu capacidad estética. El storytelling convierte un diseño en una experiencia comprensible y memorable.
Paso 3 – Muestra el proceso, no solo el resultado
El proceso es una de las partes más valiosas de un portafolio. Incluir bocetos, wireframes, moodboards, pruebas de color o versiones descartadas aporta profundidad y credibilidad al proyecto.
Mostrar el “antes” y el “durante” permite entender cómo llegaste a la solución final. Además, demuestra que sabes iterar, analizar y mejorar, habilidades clave en cualquier entorno profesional de diseño.
Paso 4 – Cuida la presentación visual
La forma en la que presentas tu trabajo es tan importante como el trabajo en sí. Utiliza tipografías legibles, márgenes coherentes y un buen uso del espacio en blanco. Los mockups deben ser consistentes y ayudar a visualizar el proyecto en un contexto real.
Adapta el formato a la plataforma donde lo compartes. En Behance funciona bien una narrativa visual larga; en un portfolio web, la claridad y la jerarquía son clave; en un PDF, la estructura debe ser limpia y directa. La presentación debe acompañar al contenido, no competir con él.
Paso 5 – Aporta valor extra con reflexión y aprendizajes
Una buena práctica es cerrar cada proyecto con una breve reflexión personal. ¿Qué aprendiste durante el proceso? ¿Qué harías diferente hoy? ¿Qué parte del proyecto fue más desafiante?
Este tipo de comentarios humanizan tu trabajo y muestran madurez creativa. También ayudan a conectar con quien revisa el portafolio desde un punto de vista más cercano y profesional. Un portafolio atractivo no se construye solo con buenos diseños, sino con decisiones estratégicas. Elegir bien los proyectos, contar su historia, mostrar el proceso y cuidar la presentación convierte tu trabajo en una narrativa sólida y convincente.
Empieza hoy mismo: selecciona un proyecto, ordénalo, explícalo y preséntalo como si fuera tu mejor historia. Tu portafolio no es solo una muestra de lo que haces, sino de cómo piensas como diseñador o diseñadora.
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martina_sunsanchez